Para lucir una piel sana, radiante y perfecta durante todo el año necesitamos saber algo fundamental: el tipo de piel que tenemos.
En función de las características de nuestra piel, los tratamientos que usemos, ya sean de forma preventiva o curativa, variarán porque estaremos cubriendo necesidades diferentes.
La piel es el órgano más extenso del cuerpo y, entre otras muchas cosas, actúa como una barrera protectora frente a factores externos como la contaminación, los cambios de temperatura o la radiación solar.
Gracias a ella, protegemos a nuestro cuerpo de bacterias, sustancias químicas y temperatura y experimentamos el tacto. La piel, junto al cabello, la uñas y las glándulas sebáceas y sudoríparas, forma parte del sistema tegumentario.
Cuidar de nuestra piel es, por lo tanto, cuidar de nuestra salud. Sin embargo, hay varios tipos de piel y cada uno presenta sus propias características así como necesidades.
¿Cuántos tipos de piel existen?
En el terreno más profesional, existen diferentes clasificaciones teóricas para definir cada tipo de piel y sus características.
Hace un siglo Helena Rubinstein clasificó los tipos de piel en cuatro categorías atendiendo a distintas características como la apertura de poros, la cantidad de secreción de sebo o la tirantez.
Aún así, podemos diferenciar cuatro principales tipos de piel: piel normal, piel mixta, piel seca y piel grasa.
Cada una de ellas con sus particularidades y necesidades, así como con sus factores diferenciales.
Además de estas cuatro categorías básicas, la piel sensible se considera una condición o tendencia cutánea especial, porque puede presentarse junto con una piel seca, grasa, mixta o normal.
| Tipo de piel | Características principales | Necesidades generales |
|---|---|---|
| Normal | Equilibrada, suave, uniforme y con poros pequeños | Limpieza, hidratación y protección solar |
| Grasa | Exceso de sebo, brillo, poros visibles e impurezas | Limpieza, hidratación ligera y regulación del sebo |
| Mixta | Zona T grasa y mejillas normales o secas | Cuidados adaptados a las diferentes zonas |
| Seca | Tirantez, aspereza, descamación y falta de brillo | Hidratación y refuerzo de la función barrera |
| Sensible | Reactividad, enrojecimiento, calor, picor o irritación | Productos hipoalergénicos, sencillos y protección solar |
Piel normal
Obviamente, uno de los tipos de piel más deseado: la piel normal.
La piel normal no tiene imperfecciones y presenta una textura sin irregularidades.
Este tipo de piel se caracteriza por no ser grasa, ni tampoco seca.
Común en la infancia, la piel normal no presenta impurezas y su aspecto es suave y aterciopelado.
No presenta irritaciones, poros abiertos o arrugas.
En su zona T (frente, barbilla y nariz) puede acumular un poco de sebo o mostrarse mínimamente grasa, pero muestra un equilibrio.
Generalmente, el color de esta piel es uniforme y la persona que tiene un tipo de piel normal no tiene brillos ni texturas irregulares.
Sus principales indicadores son:
- Textura suave y elasticidad.
- Color uniforme y rosado.
- Ausencia de daños o impurezas, como granos o puntos negros.
- Los poros son pequeños y poco visibles, creando una sensación de piel limpia.
- No es propensa a la sensibilidad.
La piel normal no tiene imperfecciones y presenta una textura sin irregularidades.
Suele caracterizarse por manifestar un aspecto limpio y suave, mostrándose con ausencia de brillos y con poros de tamaño reducido, además de una buena circulación sanguínea y elasticidad.
Las personas que tienen este tipo de piel suelen presentar un tono rosado, siendo este muy uniforme en toda la superficie cutánea.
El cuidado de este tipo de piel es fácil y sencillo, y no suele presentar sensibilidad.
Por ello, su cuidado se limita a mantenerla limpia, hidratada y protegida de los rayos solares.
El cuidado de la piel normal no suele necesitar excesivas atenciones y es la más fácil de tratar, aunque hay que mimarlas porque en algunos casos tienen tendencia a convertirse en pieles secas.
Para su tonificación y limpieza, se recomienda cremas de absorción fácil, para obtener la hidratación adecuada.
Por otro lado, no debemos olvidarnos de usar la protección habitual para evitar los efectos de la exposición al sol.
Piel seca
Este término se utiliza para denominar los tipos de piel que no producen suficiente sebo para mantenerse “normal”.
En segundo lugar, la piel seca produce menos sebo de lo normal.
Al no tener demasiado sebo, tampoco aparecen lípidos que retengan la humedad y creen la capa protectora frente a agresiones externas.
Como consecuencia, pierde agua con mayor facilidad y su barrera protectora se debilita.
Hay diferentes tipos de piel seca, dependiendo de algunos parámetros particulares, aunque a veces es difícil diferenciarlas.
Debido a la escasa hidratación, la piel seca tiene muy poca humedad y suele presentar tirantez y rigidez, siendo habitual que se pele y que se caracterice por un tacto áspero y aspecto apagado.
Se caracteriza por una sensación de tirantez y aspereza al tacto.
Además este tipo de piel se puede “pelar” y mostrar un aspecto blanquecino respecto al resto de piel del cuerpo.
Igualmente, la piel seca se muestra “apagada”, sin brillo y puede presentar manchas
La piel se percibe tirante y frágil, sin elasticidad.
Si es demasiado seca, puede presentar descamación leve y posible picor.
Este tipo de piel, que a priori puede estar influenciada por otro tipo de factores externos, es aquella que presenta una mayor sequedad, tirantez o aspereza, y que necesita un cuidado especializado antes de provocar otro tipo de problemas o afecciones.
Sus características más habituales son:
- Textura con escamas o láminas.
- Tono de dermis apagada e irritada.
- Dermis envejecida y con tendencia a manchas.
- Los poros son casi inexistentes a simple vista.
- Sensación frecuente de picor.
En general, se caracteriza por una sensación de tirantez y aspereza.
También puede adquirir un color gris ceniza, aparecer descamación, picor, enrojecimiento y pequeñas grietas.
La piel agrietada suele observarse en las pieles muy secas.
Además, se trata de un tipo de piel que sufre especialmente los cambios meteorológicos y que tiene tendencia a picar y a descamarse.
Existen distintos grados de sequedad en la piel, seca y muy seca, que pueden presentarse de manera generalizada en el cuerpo, y extremadamente seca, que suele presentarse en las plantas de los pies o en las manos.
Cómo cuidar la piel seca
La base del tratamiento y los cuidados para la piel seca es la hidratación, con el objetivo de recuperar la humedad natural, la flexibilidad y elasticidad.
En cuanto a las rutinas más efectivas, estas deben centrarse en restaurar la hidratación y reforzar la barrera cutánea.
Su cuidado requiere de productos cosméticos hidratantes que generen barreras contra los agentes externos.
El objetivo del tratamiento y los cuidados aplicados a este tipo de piel es restablecer la flexibilidad del cutis, estimular la producción de sebo y darle mayor humedad.
Para ello, los especialistas recomiendan el uso de cosméticos con sustancias antioxidantes y ácidos grasos esenciales, además de cremas de día con protección solar.
Priorizaremos (siempre que el dermatólogo no lo contraindique) las cremas con alto contenido en ácidos grasos esenciales y productos antioxidantes.
- Hidratar la piel después de la limpieza.
- Usar mascarillas nocturnas para dar un extra de hidratación.
- Uso de cremas especiales para asegurar una alta hidratación.
- No debe aplicarse mucha agua caliente, ya que derrite la poca grasa que genera de manera natural.
- No se debe limpiar en exceso ni usar exfoliantes fuertes que dañen las glándulas que producen la grasa.
Piel grasa
Justo al otro extremo del tipo de piel que hemos visto en el último apartado está la piel grasa.
La piel grasa se caracteriza por una excesiva producción de sebo, habitualmente denominada como seborrea, que puede ser debida a causas genéticas, medicación, cambios o desequilibrios hormonales, cosméticos que puedan causar irritación o un excesivo nivel de estrés.
Por otro lado, la piel grasa se caracteriza por una producción elevada de sebo, conocida como seborrea.
Un cutis graso tiene una apariencia porosa, húmeda y brillante.
Se produce como resultado de un exceso de producción de grasa por las glándulas sebáceas.
Para identificarla basta con verla.
La piel seca presenta impurezas, brillantez y poros visiblemente agrandados.
La piel grasa está relacionada, en la mayoría de los casos, con causas hormonales, por lo que es más común en la adolescencia o la etapa joven.
Puedes identificarla por:
- Textura húmeda y brillante.
- Color pálido debido a que los vasos sanguíneos quedan ocultos.
- Los poros son grandes, abiertos y visibles.
- En ocasiones puede presentarse acné, espinillas o comedones en la piel.
Uno de los problemas asociados a este tipo de piel son la aparición de granos y puntos negros, además de la presencia de poros muy dilatados.
Suele ser propensa al acné y a los comedones.
La principal característica es la presencia de poros grandes y visibles.
Además, tiene brillo debido a la grasa y suele existir acné, frecuentemente en la "zona T".
Se trata de un tipo de piel engrosada y pálida, lo que puede provocar que los vasos sanguíneos no sean visibles.
Cómo cuidar la piel grasa
Para tratar la piel grasa, los especialistas recomiendan hacer un estudio en profundidad para averiguar las posibles causas, además de recomendar la moderación en el consumo de alimentos fritos y grasas saturadas.
En casos de gravedad, acné severo u otros problemas, lo más recomendable es acudir a un dermatólogo.
Este profesional se encargará de ofrecernos un diagnóstico exacto, dándonos el origen y las causas de la seborrea en nuestra piel y buscando el tratamiento óptimo para nuestro caso particular.
Su cuidado se centra en la limpieza de la piel.
- Mantener una rutina de limpieza.
- Hidratar la piel.
- Uso de cremas específicas que actúen para regular la producción de grasa.
- Uso de exfoliantes no agresivos.
Se piensa que debido a la piel grasa no hay que utilizar hidratantes, pero esto es erróneo.
Se puede optar por el uso de cremas de textura ligera para no crear un exceso de ella.
Asimismo, evitaremos productos muy grasos y priorizaremos cremas hidratantes ligeras, Además, ante este tipo de piel es preferible apostar por productos o maquillajes en polvo.
Los de tipo scrub pueden generar el efecto contrario y aumentar la secreción de grasa.
Piel mixta
La principal característica de la piel mixta es la mezcla de manifestaciones de la piel seca y la piel grasa.
La piel mixta, en cambio, combina características de diferentes tipos de piel.
A caballo entre la seborrea y la falta de grasa se encuentra el cuarto tipo de piel: la piel mixta.
Generalmente, este tipo de cutis está caracterizado por tener zonas de piel seca o normal y zonas de piel grasa.
Mientras que en la zona de la nariz, barbilla y frente suele ser frecuente encontrar las partes más grasas, las mejillas tienden a mostrar zonas normales o secas.
En pieles mixtas, la zona grasa de la cara suele ser la zona T.
Así, las mejillas suelen tener piel seca o normal.
Este tipo de piel requiere de un tratamiento más cuidadoso, pues la dermis podría tender a uno de los extremos.
Debido a ello, este es el tipo de piel más complicado de cuidar por su complejidad y combinación de características.
Sus características más habituales son:
- La zona T (barbilla, nariz y frente) suele ser más grasa, mientras que el resto de la cara es más seca.
- La textura es mate, iluminándose en ocasiones las zonas mencionadas.
- Los poros de la piel se vuelven más visibles en la zona T, mientras que en el resto pasan más desapercibidos.
- Dermis propensa a granos y puntos negros.
La zona T (frente, barbilla y nariz) puede acumular un poco de sebo o mostrarse mínimamente grasa, pero muestra un equilibrio.
La piel mixta presenta una "zona T" grasa, con poros grandes también en esa zona y algunas impurezas.
Cómo cuidar la piel mixta
Para el cuidado de este tipo de piel se recomienda usar agua tibia, en vez de muy fría o caliente, además de usar siempre productos que estén diseñados para el tratamiento de pieles mixtas.
- Uso de un limpiador que no reseque la piel.
- Protectores solares y cremas en formato gel.
- No usar agua muy caliente o duchas prolongadas.
Piel sensible
La piel sensible, también denominada intolerante o hiperreactiva, es un tipo de piel que reacciona de forma muy llamativa o exagerada cuando se expone a estímulos como cambios de temperatura, la contaminación, al agua dura, el calor o algunos compuestos de los productos cosméticos.
La piel sensible es una piel más propensa a reaccionar a estímulos a los que la piel normal no reacciona.
Es una piel frágil que suele ir acompañada de sensaciones de incomodidad como calor, tirantez, enrojecimiento o picor.
Los tipos de piel sensible presentan una mayor reactividad frente a estímulos externos.
En muchos casos, esta sensibilidad se relaciona con una alteración de la función barrera de la piel.
En estas pieles hay una pérdida de la función barrera (o protectora) de la piel, lo que facilita la entrada de microorganismos y sustancias irritantes, y aumenta la posibilidad de sufrir infecciones y reacciones alérgicas.
Aunque puede afectar a cualquier zona de la piel, el rostro suele ser la parte más habitualmente afectada en los casos de piel sensible.
Los signos más habituales que suelen aparecer son enrojecimiento, descamación, erupciones, aspereza o hinchazón.
Las pieles sensibles son aquellas que reaccionan de forma anormal a factores externos, provocando irritaciones como calor, enrojecimiento o picor en la dermis.
En ocasiones, esto se debe al contacto con ciertos productos o a las condiciones temporales, como el frío, que provoca mayor sequedad.
Piel atópica
La piel atópica es una enfermedad cutánea que se caracteriza por piel seca que lleva a descamación e irritación y provoca síntomas molestos como el picor.
Dentro de este tipo de pieles y sus características, puedes encontrar la piel atópica.
Se trata de una enfermedad cutánea cuyas consecuencias son la irritación y el picor de la dermis debido a factores que normalmente no la afectarían.
Su principal causa es la predisposición genética, aunque también existen factores que desencadenan su aparición o agravan el problema.
Cómo cuidar la piel sensible
Para el tratamiento de la piel sensible es fundamental la hidratación con productos hipoalérgenicos, que tengan cuantos menos ingredientes mejor, ya que así se logrará una mayor tolerancia de la piel.
También se recomienda usar protector solar siempre, independientemente de estemos en invierno o en verano.
Piel con tendencia acneica
En el otro extremo podemos encontrar la piel con tendencia acneica, consecuencia de una producción intensa de sebo por parte de las glándulas sebáceas.
Este tipo se caracteriza por sufrir brotes frecuentes en los que los poros de la dermis se obstruyen, provocando la tendencia al enrojecimiento, las espinillas y erupciones.
La piel con tendencia al acné se muestra desigual y áspera al tacto.
¿Cómo saber qué tipo de piel tengo?
Existen características típicas que podemos usar para comparar y determinar nuestro tipo de piel.
Si tienes dudas sobre cuál es tu tipo de piel, puedes realizar una observación sencilla en casa.
El primer paso para identificar tu tipo de piel y sus cuidados es detectar las características ya mencionadas en tu día a día.
Analiza la textura y el color de tu dermis, la generación de granitos o imperfecciones y su reacción ante estímulos externos como el frío o el uso de productos cosméticos diferentes.
Si te preguntas cómo saber qué tipo de piel tienes, lo primero a hacer es observarla.
La piel seca es una piel opaca cuyos poros están cerrados.
La piel con tendencia al acné se muestra desigual y áspera al tacto.
Observación de las características
- Piel normal: poros finos, una correcta circulación sanguínea, suave y lisa, sin impurezas.
- Piel seca: la piel se percibe tirante y frágil, sin elasticidad; si es demasiado seca, puede presentar descamación leve y posible picor.
- Piel grasa: la principal característica es la presencia de poros grandes y visibles; además, tiene brillo debido a la grasa y suele existir acné.
- Piel mixta: presenta una zona T grasa, con poros grandes también en esa zona y algunas impurezas.
- Piel sensible: puede reaccionar con calor, tirantez, enrojecimiento, picor, descamación, erupciones, aspereza o hinchazón.
A pesar de esto, siempre es recomendable acudir al dermatólogo para contar con la visión de un experto.
Por ello, el primer paso de cualquier dermatólogo es estudiar tu dermis y aconsejarte los mejores productos según sus necesidades.
Encontrar tu rutina de limpieza y tratamiento perfecta no es sencillo si es tu primera vez cuidando tu rostro, y es que esta dependerá del tipo de piel y sus características.
Si ya tienes claro cuál es tu tipo de piel y quieres comenzar a cuidarla con los productos adecuados, el siguiente paso es dejarte asesorar por un profesional.
Clasificaciones complementarias de la piel
Clasificación de Fitzpatrick
Existen distintos criterios para clasificar los diferentes tipos de piel.
Por ejemplo, la clasificación de Fitzpatrick, descrita por primera vez en 1975, se basa en el color de la piel y su respuesta a la exposición solar.
| Tipo | Características | Respuesta habitual |
|---|---|---|
| I | Muy clara con cabello rubio o pelirrojo | Puede mostrarse pecosa. Extremadamente sensible. |
| II | Clara con ojos claros a intermedios | Muy sensible, con tendencia a quemarse. No logra broncearse. |
| IV | Oliva oscura o morena oscura con ojos y pelo oscuros | Moderadamente sensible. |
| V | Oscura con ojos u cabello oscuros | Poco sensible, no es habitual que se queme. |
| VI | Muy oscura con ojos y cabello oscuros | Mínimamente sensible. Pigmenta rápidamente. |
Clasificación de Baumann
Otra manera de descubrir qué tipo de piel tienes, es utilizar la clasificación de Baumann que establece una serie de combinaciones posibles con base en las siguientes 4 contraposiciones:
- Piel seca o grasa. Toma en consideración su nivel de hidratación.
- Piel sensible o resistente. Se basa en el tipo de estrato córneo, es decir, si es fuerte o no.
- Piel pigmentada o no pigmentada. Organiza la piel de acuerdo a su predisposición a desarrollar manchas.
- Piel con arrugas o estirada.
¿Por qué puede cambiar mi tipo de piel?
La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y el que más expuesto está al exterior, lo que conlleva que con el paso de los años, o bien en períodos de tiempo concretos, se produzcan cambios en la misma.
Cada persona es un mundo, y lo mismo ocurre con nuestra piel.
Como en otros órganos o en otras partes de nuestro cuerpo, además, a lo largo de nuestra vida podemos experimentar cambios en la piel.
Es decir, variables como la edad, el tiempo, la exposición a factores externos o los cuidados que le aplicamos pueden hacer que experimentemos un cambio de tipo de piel.
Por otro lado, el estado de nuestra piel se va a ver afectado por algunos factores internos.
Por todo ello, no es raro que nuestro tipo de piel pueda modificarse.
Factores externos para el cambio de tipo de piel
- Cambios de temperatura (excesivo calor o frío).
- Humedad o sequedad ambiental.
- Contaminación.
- Estilo de vida: alimentación, hábitos saludables, nivel de estrés o calidad del sueño.
- Exposición a factores externos.
- Los cuidados que le aplicamos.
La irritación reiterada de la piel por factores medioambientales como el sol, el viento, la sequedad o la humedad excesiva puede provocar la descamación de la piel, es decir, que se desprendan grandes escamas de la epidermis que a veces se ven como polvo fino.
Sin embargo, la descamación también puede ser resultado de alguna afección como una reacción alérgica, infecciones por hongos o estafilococos, trastornos del sistema inmunitario o cáncer y tratamientos oncológicos.
Factores internos para el cambio de tipo de piel
- Edad.
- Causas genéticas.
- Problemas médicos como la diabetes o la insuficiencia renal.
- Cambios o desequilibrios hormonales.
- Algunos medicamentos.
- Un excesivo nivel de estrés.
Existe un componente genético que predispone nuestro tipo de piel, pero también hay otros factores ambientales que influyen.
La piel normal suele convertirse en seca con la edad.
La piel grasa puede estar relacionada con causas hormonales o genéticas, pero también influyen ciertos medicamentos, el estrés o el uso de cosméticos no recomendados para este tipo de piel.
Los factores externos son los más fáciles de controlar, adoptando estilos de vida más sanos y, en general, hábitos saludables que minimicen los posibles daños para nuestra piel.
Ten en cuenta que la piel no cambia de forma inmediata ni drástica, y siempre podemos estar atentos para saber las causas de un cambio en nuestro tipo de piel y ponerle remedio.
Cuándo consultar con un profesional
En casos de gravedad, acné severo u otros problemas, lo más recomendable es acudir a un dermatólogo.
Si tienes dudas sobre cuál es tu tipo de piel, puedes realizar una observación sencilla en casa.
A pesar de esto, siempre es recomendable acudir al dermatólogo para contar con la visión de un experto.
En Dermoclinic tenemos años de experiencia en el diagnóstico y cuidado de la piel.
En IMR, nuestro equipo médico especializado realiza una valoración personalizada para ayudarte a entender las necesidades reales de tu piel y recomendar los tratamientos dermatológicos más adecuados para cada caso.
Para ello, en Clínica Integral Guinova te ofrecemos un servicio de dermatología con patólogos especializados.
