Cómo afecta el desequilibrio de la microbiota al acné

El acné vulgaris es una de las afecciones más comunes en adolescentes y adultos jóvenes, y se estima que su prevalencia es del 9,4 % a nivel mundial. El acné es una enfermedad inflamatoria de la piel que aparece cuando los poros se obstruyen por una acumulación de grasa (sebo) y células muertas, dando lugar a granos, espinillas y otras lesiones cutáneas.

El acné es una enfermedad multifactorial. En su desarrollo intervienen la producción excesiva de sebo, la hiperqueratinización de los folículos pilosebáceos, los mecanismos inflamatorios y la hiperproliferación de la bacteria Cutibacterium acnes, conocida anteriormente como Propionibacterium acnes.

Microbiota cutánea y formación del acné

Qué es la microbiota y qué significa disbiosis

La microbiota es el conjunto de microorganismos que viven en simbiosis con nuestro organismo. Incluye protozoos, arqueas, hongos, virus y sobre todo, bacterias que conviven con nosotros en casi todas las superficies y cavidades del cuerpo.

Se trata del conjunto de microorganismos -como bacterias, virus, hongos y levaduras- que habitan en distintas partes de nuestro cuerpo como la boca, los pulmones, los órganos genitales y la piel.

La densidad y composición de la microbiota varían según el órgano: intestino, piel y cuero cabelludo albergan comunidades específicas que influencian funciones tan diversas como la digestión, la inmunidad, la producción de sebo o la cicatrización.

Eres más “microbio” de lo que crees: en tu cuerpo habitan entre 10 y 100 trillones de microorganismos.

Nosotros les ofrecemos un lugar - nuestro organismo - donde vivir y alimentarse y, a cambio, ellos ayudan a nuestro cuerpo a desarrollar muchas funciones necesarias para la vida.

En condiciones normales, la microbiota está en equilibrio. Esto significa que se mantienen unas ciertas proporciones de cada uno de los distintos tipos de microorganismos.

Hablamos de disbiosis cuando se altera la composición de la microbiota en el intestino, la piel o el cuero cabelludo produciendo consecuencias sistémicas.

La disbiosis es una alteración del equilibrio de la microbiota por pérdida de diversidad, sobrecrecimiento de patógenos y/o descenso de especies beneficiosas.

En ocasiones, el equilibrio se rompe como consecuencia de cambios en nuestro cuerpo o en nuestro entorno que alteran el ambiente en el que viven nuestros “amigos microscópicos”.

SituaciónConsecuencia
Microbiota equilibradaProtección de la barrera cutánea, regulación del pH y control de la inflamación
Pérdida de diversidadMayor vulnerabilidad de la piel y alteración de la respuesta inmunitaria
Sobrecrecimiento de microorganismos oportunistasInflamación, producción de sebo y alteración de la función del folículo

La microbiota cutánea y su relación con el acné

La piel es el órgano más grande del cuerpo y nuestra primera línea de defensa frente al mundo exterior.

La microbiota cutánea produce ácidos grasos y péptidos antimicrobianos que mantienen la barrera intacta y el pH ácido.

Cuando se reduce la diversidad de especies beneficiosas o proliferan organismos patógenos, el manto ácido se debilita, aumenta la pérdida de agua y la piel se vuelve más reactiva e intolerante.

El acné es un ejemplo claro de la importancia de la alteración de la microbiota.

La piel también tiene su propio ecosistema y el desequilibrio o disbiosis de la microbiota cutánea puede causar o agravar el resto de mecanismos que dan lugar al acné.

El acné afecta la unidad pilosebácea, compuesta por el folículo piloso -donde crece el cabello- y la glándula sebácea -donde se produce la grasa-.

La grasa es buena para mantener la piel hidratada y protegida, pero como es bien sabido: ¡todo en exceso es malo!

Este ambiente se convierte en el caldo de cultivo perfecto para que Cutibacterium acnes -una bacteria que en condiciones normales es beneficiosa para la piel- se multiplique sin control, ya que la grasa es su alimento favorito.

C. acnes pasa de ser beneficiosa para nosotros a convertirse en una bacteria virulenta y sin control, que comienza a desarrollar mecanismos patogénicos que conducen a la producción de más grasa, inflamación y obstrucción de poros, produciéndose imperfecciones propias del acné.

La bacteria Cutibacterium acnes está presente de manera natural en prácticamente todas las personas, incluso en aquellas que nunca han tenido acné.

Las lesiones producidas por acné se relacionan con la presencia abundante de C. acnes, como bacteria comensal de la piel.

Sin embargo, no todos los filotipos de C. acnes se comportan igual, y pueden predominar unos filotipos u otros.

Las investigaciones más recientes han identificado variedades con comportamientos muy distintos.

Este descubrimiento ha cambiado la forma de abordar el tratamiento dermatológico.

Cómo la disbiosis favorece la aparición de lesiones

En la patogenia del acné se describen cuatro factores causales fundamentales, la producción excesiva de sebo, hiperqueratinización de los folículos pilosebáceos, mecanismos inflamatorios e hiperproliferación de la bacteria Cutibacterium acnes.

La disbiosis en el acné y la consiguiente abundancia de estos filotipos de C. acnes puede activar diferentes mecanismos que retroalimentan la fisiopatología del acné.

El exceso de sebo es una característica clave del acné.

La hiperproliferación de C. acnes en la piel acneica frente a la piel sana se ha observado en distintos estudios.

Es interesante destacar el papel de la disbiosis en la contribución a la hiperseborrea: C. acnes produce ácido propiónico, cuya oxidación es desencadenante de una respuesta proinflamatoria.

La proliferación de C. acnes puede verse favorecida en la glándula sebácea por el factor hormonal.

El cambio hormonal que conlleva la adolescencia puede alterar el microambiente cutáneo y favorecer la producción de sebo.

La resistencia a la insulina y los niveles elevados de IGF-1 asociados a ciertas dietas estimulan la producción excesiva de las glándulas sebáceas.

Dietas ricas en azúcares simples aumentan los niveles de insulina e IGF-1, lo cual sobreestimula las glándulas sebáceas.

Una microbiota desequilibrada aumenta la permeabilidad intestinal y permite que toxinas y fragmentos bacterianos lleguen al torrente sanguíneo.

Esto activa el sistema inmunitario cutáneo, provocando la liberación de sustancias que inflaman el folículo.

Una dieta hiperinsulínica sumada a la disbiosis reduce la diversidad de la microbiota y aumenta la permeabilidad intestinal, liberando lipopolisacáridos y otras toxinas.

Estas sustancias llegan a la sangre y estimulan las glándulas sebáceas e inflaman el folículo piloso.

El eje intestino-piel

La interacción bidireccional que existe entre el intestino y la piel se denomina eje intestino-piel.

El intestino y la piel mantienen una comunicación constante a través de mecanismos inmunológicos, hormonales e inflamatorios.

La microbiota humana es muy variable, se interrelaciona entre los órganos y sistemas.

Éste es el caso del eje intestino-cerebro y piel, cuya disbiosis o desequilibrio en sus filotipos bacterianos pueden ser factores condicionantes de dermatosis como el acné.

Ambos órganos se encuentran muy inervados y vascularizados, ya que son esenciales para la función inmunitaria y neuroendocrina.

Por tanto, la disbiosis del microbioma está fuertemente asociada a una alteración de la respuesta inmune que favorece la aparición de estas enfermedades.

Cuando se produce una disbiosis a nivel intestinal, la barrera intestinal pierde integridad y permite que toxinas y fragmentos bacterianos atraviesen la mucosa.

En el intestino, rompe la barrera mucosa y permite el paso de toxinas que disparan inflamación sistémica; esto activa vías inflamatorias cutáneas.

En el acné, se ha observado que los pacientes presentan una diversidad microbiana intestinal reducida y un aumento en la proporción de Bacteroidetes frente a Firmicutes.

En 2018, un estudio determinó que los pacientes con acné vulgaris poseen una diversidad del microbioma intestinal distinta.

Determinaron que había una disminución en la abundancia de Firmicutes y un aumento en la de Bacteroides, además los taxones más reducidos en número fueron los pertenecientes al género de Clostridium, Clostridiales, Lachnospiraceae y Ruminococcaceae.

Además, un estudio realizado con más de 13.000 adolescentes mostró una mayor probabilidad de experimentar síntomas gastrointestinales como estreñimiento, halitosis y reflujo gástrico en aquellos que presentaban acné.

Signos digestivos como hinchazón, gases, estreñimiento, diarrea, acidez o intolerancias alimentarias nuevas pueden indicar disbiosis.

Eje intestino-piel e inflamación del acné

La alimentación y el desequilibrio de la microbiota

La alimentación tiene un impacto directo sobre el ecosistema intestinal siendo las dietas occidentales ricas en azúcares de alto índice glucémico y grasas saturadas las que más estimulan la producción de sebo y favorecen la inflamación cutánea.

Los azúcares de alto índice glucémico y las grasas saturadas incrementan insulina e IGF-1, sobreestimulando las glándulas sebáceas.

Además, reducen la diversidad microbiana y aumentan la permeabilidad intestinal, alimentando la inflamación que se refleja en la piel.

La dieta ejerce un papel fundamental para el mantenimiento del acné vulgaris.

La dicha producción aumentada de insulina por parte del páncreas, sumada a la disbiosis, agrava el acné y favorece las rojeces de la rosácea.

Mantener un microbioma equilibrado no depende únicamente de suplementos o tratamientos médicos.

La alimentación es una herramienta terapéutica de primer orden y cada paciente tiene necesidades distintas.

El papel de Cutibacterium acnes y sus filotipos

La presencia de C. acnes en la piel no significa por sí misma que exista acné.

La bacteria Cutibacterium acnes está presente de manera natural en prácticamente todas las personas, incluso en aquellas que nunca han tenido acné.

En otras publicaciones, se ha sugerido que es importante destacar que no todos los filotipos de C. acnes tienen el mismo comportamiento.

Puede predominar unos filotipos u otros, y algunos se relacionan con una mayor producción de porfirinas y mediadores inflamatorios.

La abundancia relativa de filotipos patógenos de C. acnes puede ser distinta en piel acneica y piel sana.

Por último, además de la medición de la abundancia relativa de C. acnes, es importante valorar la diversidad de bacterias o la uniformidad en estas poblaciones.

No solo la población de C. acnes es relevante, sino también la relación entre los distintos microorganismos que colonizan la piel.

Quorum sensing: cómo se comunican las bacterias

Las bacterias como Cutibacterium acnes no actúan de forma aislada, sino que lo hacen en grupo.

Este sistema permite a las bacterias cooperar, acordar determinados comportamientos y actuar como un equipo.

Estos mecanismos son mediados por el sistema de comunicación bacteriano llamado quorum sensing (QS).

El QS se basa en la producción y detección de moléculas señal conocidas como autoinductores (AI).

Estas moléculas permiten la autorregulación de la comunicación bacteriana, la adaptación a diferentes condiciones y la coordinación de comportamientos colectivos.

Entre los procesos regulados se encuentran la proliferación, la formación de biofilm, la colonización y la virulencia.

Este comportamiento colectivo intensifica la inflamación y la producción de grasa, daña la microbiota de la piel y facilita la aparición de granos en la cara, granos en la espalda y otras manifestaciones del acné.

Biofilm y virulencia en la piel acneica

Los biofilms son estructuras que permiten a las bacterias fijarse a una superficie sólida y protegerse dentro de una comunidad organizada.

La formación de biofilm facilita la colonización y puede aumentar la resistencia de las bacterias frente a condiciones adversas.

En ausencia de fijación a una superficie sólida, no ocurre la formación del biofilm.

C. acnes puede participar en la generación de biofilms en las lesiones inflamatorias del acné.

La formación de biofilm puede contribuir a mantener la proliferación bacteriana y la inflamación.

Por ello, las nuevas estrategias terapéuticas buscan reducir la virulencia y la capacidad de resistencia de C. acnes sin eliminar necesariamente todos los microorganismos.

Quorum quenching: bloquear la comunicación bacteriana

Hasta ahora las estrategias terapéuticas han sido comúnmente los antimicrobianos.

Durante décadas, los antibióticos fueron el tratamiento principal para el acné inflamatorio.

Cuando se destruye de forma indiscriminada la flora bacteriana, también desaparecen microorganismos beneficiosos que ayudan a proteger la piel.

Con el desarrollo de la resistencia a los antibióticos, se ha vuelto necesario llevar a cabo investigaciones alternativas, seguras y eficaces.

El quorum quenching (QQ) comprende estrategias destinadas a interferir en la comunicación bacteriana.

Estas estrategias pueden actuar mediante la degradación de la señal por lactonasas, acilasas, reductasas y oxidasas.

También pueden bloquear la interacción entre señal y receptor o impedir las cascadas de transducción de señales.

La finalidad es reducir la comunicación bacteriana y, en consecuencia, disminuir la densidad del biofilm de C. acnes.

Las estrategias de QQ pueden presentar menos resistencias y son prometedoras.

Ya existen publicaciones que proponen diferentes dianas, entre las que destaca el papel de C. acnes.

Los compuestos pueden obtenerse de fuentes naturales o diseñarse y sintetizarse mediante ingeniería química.

Existen publicaciones acerca de investigaciones llevadas a cabo sobre el QQ de las plantas.

A partir de un modelo vegetal sostenible, es posible desarrollar componentes biotecnológicos capaces de interferir en la comunicación bacteriana.

Estas estrategias pretenden regular la microbiota sin eliminarla por completo y favorecer la recuperación de la eubiosis.

Investigación con compuestos biotecnológicos

Algunos estudios han investigado el uso de lisados y fitocomplejos biotecnológicos para modular la microbiota cutánea.

Un ejemplo es la disminución de S. acnes.

Por lo tanto, S. epidermidis puede actuar como bacteria centinela y tratar de restablecer el equilibrio cutáneo.

Un fitocomplejo biotecnológico basado en C. sinensis y M. alba ha mostrado un efecto inhibidor de la proliferación de C. acnes.

El lisado de callo de Camellia sinensis en una concentración del 5 % p/p redujo significativamente la formación de biofilm de Cutibacterium acnes.

Como consecuencia de esto, se comprueba la reducción del biofilm en un cultivo celular.

El efecto no se relacionó con una disminución significativa de la viabilidad de bacterias planctónicas.

La reducción de la formación de biofilm puede afectar a la virulencia bacteriana sin afectar al resto de microorganismos, para alcanzar la eubiosis.

En otros estudios, el efecto inhibidor se ha relacionado con la reducción del AI-2.

La disminución de la comunicación bacteriana puede impedir que las bacterias formen biopelículas y se vuelvan virulentas.

Cómo se estudia la microbiota en personas con acné

La evaluación de la microbiota puede realizarse mediante secuenciación del ácido ribonucleico ribosómico (ARNr) 16S.

La secuenciación permite extraer información de los filotipos bacterianos que habitaban en las respectivas muestras.

La diversidad individual se mide mediante la alfa-diversidad.

La diversidad interindividual se mide mediante la beta-diversidad.

En los estudios de microbiota cutánea se puede realizar la recolección de muestras mediante adhesivos aplicados sobre la zona afectada.

La retirada del adhesivo se realiza con pinzas estériles y la muestra se recoge en un criovial.

Después se repite aplicando el adhesivo en la misma zona y recogiendo la muestra en el mismo vial.

Posteriormente se realiza la purificación del ADN, la preparación de la biblioteca y el control de calidad.

En las muestras cutáneas se han analizado géneros bacterianos principales como Cutibacterium, Staphylococcus y Streptococcus.

La abundancia relativa permite comparar la proporción de cada género o especie antes y después de una intervención.

La diversidad y la uniformidad permiten valorar si el ecosistema está dominado por un grupo concreto o si existe una comunidad más equilibrada.

Qué cambios se han observado tras modular la microbiota

En un estudio se había observado la mayor proporción de Cutibacterium en la basal pretratamiento.

Después del tratamiento, la abundancia relativa de Cutibacterium disminuyó del 49,41 al 39,13 %.

También se observó una disminución de C. acnes en la abundancia relativa, del 48,99 al 38,83 %.

Esta disminución presentó significación estadística con un valor de p = 0,0006.

La disminución de C. acnes fue significativa con un valor de p < 0,001 en la comparación entre pretratamiento y postratamiento.

La reducción de la población de C. acnes puede demostrarse mediante la medición de un metabolito residual relacionado con la presencia y la actividad de C. acnes.

Los filotipos de C. acnes relacionados con una mayor producción de porfirinas pueden contribuir a la inflamación.

También se observó una reducción del 27,33 % en la actividad de C. acnes después de 56 días de uso del producto, con p = 0,001.

ParámetroResultado observado
Abundancia relativa de CutibacteriumDel 49,41 al 39,13 %
Abundancia relativa de Cutibacterium acnesDel 48,99 al 38,83 %
Actividad de C. acnesDisminución del 27,33 %
Duración de uso56 días

Relación entre microbiota, inflamación y lesiones

La disbiosis puede activar la respuesta inmunitaria local y favorecer la liberación de mediadores inflamatorios.

Entre los mediadores implicados se encuentran el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) y la interleucina 6 (IL-6).

La inflamación puede comenzar alrededor del folículo y favorecer la aparición de pápulas, pústulas, nódulos y quistes.

Las lesiones producidas por acné afectan principalmente a la cara, aunque también pueden observarse en el dorso, el cuello o la parte delantera del tórax.

Aunque en el 95 % de los casos las lesiones por acné afectan a la cara, también pueden observarse en el dorso, el cuello o la parte delantera del tórax.

En los estudios clínicos, las lesiones suelen clasificarse en la categoría de pápulas y pústulas y, de forma secundaria, quistes y nódulos.

La mayor mejoría suele observarse en las pápulas y pústulas.

La reducción de la abundancia relativa de C. acnes y su actividad directa en la secreción sebácea puede acompañarse de una disminución del número de lesiones inflamatorias.

En un estudio se observó una disminución del 52,12 % en el número de lesiones inflamatorias, con p = 0,006.

La reducción de la inflamación es consistente con el efecto antiinflamatorio demostrado in vitro para C. acnes.

Microbiota intestinal, probióticos y acné

Se ha postulado que parte del desarrollo de numerosas enfermedades en la piel, como el acné vulgaris, la dermatitis atópica o la psoriasis entre otras, tiene un mecanismo gastrointestinal.

La conexión existente entre la microbiota intestinal y cutánea, así como la fluctuación de la composición del microbioma de la piel, pueden inducir, en casos de disbiosis, a la aparición de enfermedades como el acné.

En esta línea, algunos estudios muestran efectos inhibidores de bacterias probióticas sobre el crecimiento excesivo de C. acnes.

Se ha demostrado que la ingesta diaria de Lactobacillus bulgaricus y L. acidophilus alivia los síntomas del acné al inhibir la producción de citocinas proinflamatorias.

Desde el año 1930, se encuentran referencias al uso mediante cultivos de L. acidophilus.

Resultados recientes obtenidos en la investigación del uso de probióticos en enfermedades como la dermatitis atópica, el acné, el eccema, las alergias, el envejecimiento de la piel o las infecciones bacterianas y fúngicas han potenciado su aplicación.

De hecho, en un estudio realizado con 56 pacientes con acné se demostró el resultado favorable a la administración de una bebida de leche fermentada y suplementada con probióticos (L. bulgaricus y Streptococcus thermophilus).

Para ello, los investigadores administraron adicionalmente a uno de los grupos la misma bebida, pero con lactoferrina, proteína antiinflamatoria de la leche.

Con base en la bibliografía actual, hay evidencia que sugiere que los probióticos orales pueden ser efectivos como terapia coadyuvante para controlar el acné.

Los probióticos deben continuar investigándose como terapia alternativa o coadyuvante, ya que no son inocuos en pacientes inmunosuprimidos.

Las intervenciones con probióticos, prebióticos, alimentos fermentados o incluso trasplante fecal han mostrado reducir el número de lesiones y la inflamación en acné, psoriasis y dermatitis.

Estos tratamientos no sustituyen automáticamente a la valoración dermatológica ni a los tratamientos indicados según la gravedad del acné.

🧴🦠 Eje intestino-piel: afecciones dermatológicas y microbiota | Dra. Cristina Zemba

Tratamientos convencionales y nuevas estrategias

El tratamiento del acné depende de su gravedad y de su impacto psicológico.

Por lo general, los tratamientos locales y/o los tratamientos por vía oral -antibióticos o isotretinoína-, combinados con un estilo de vida saludable, presentan resultados positivos.

Sin embargo, el uso de antibióticos puede alterar la microbiota y favorecer la aparición de resistencias.

Durante décadas, los antibióticos fueron el tratamiento principal para el acné inflamatorio.

Cuando se destruye de forma indiscriminada la flora bacteriana, también desaparecen microorganismos beneficiosos que ayudan a proteger la piel.

Por este motivo, la investigación busca alternativas que reduzcan la virulencia de C. acnes, modulen su comunicación o restauren el equilibrio microbiano sin eliminar por completo la microbiota.

Los bacteriófagos son virus capaces de atacar bacterias específicas de forma selectiva.

También se investigan los probióticos de aplicación local o por vía oral, los prebióticos, los metabolitos microbianos y los compuestos capaces de interferir en la formación de biofilms.

La microbiota cutánea debe considerarse una parte del sistema de defensa de la piel y no un conjunto de microorganismos que deba eliminarse indiscriminadamente.

Cómo cuidar la piel con tendencia acneica

Hoy sabemos que las bacterias no son el enemigo.

Al contrario: son fundamentales para nuestra salud y bienestar.

Por eso, restaurar el equilibrio de la microbiota cutánea es clave para tratar el acné desde la raíz sin dañar la piel.

Si buscas la mejor crema para el acné, prioriza productos que no solo reduzcan los granos e imperfecciones, sino que actúen desde la raíz de manera respetuosa con la piel y su ecosistema.

Incorporar una rutina de cuidado para la piel con tendencia acneica basada en este enfoque puede ayudar a tratar las imperfecciones sin agredir la barrera cutánea.

La microbiota cutánea produce ácidos grasos y péptidos antimicrobianos que mantienen la barrera intacta y el pH ácido.

Cuando la barrera cutánea se debilita, aumenta la pérdida de agua y la piel se vuelve más reactiva e intolerante.

Por ello, es importante evitar las prácticas que irritan excesivamente la piel y utilizar productos compatibles con la barrera cutánea.

Ahora que la ciencia ha cambiado la forma en que entendemos el acné, también es momento de cambiar la forma en que lo tratamos.

Cuándo consultar a un dermatólogo

Identificar los signos de disbiosis ayuda a consultar a tiempo.

Si tienes brotes recurrentes de acné que no responden a tratamientos tópicos y/o farmacológicos, o si notas que tu piel está cada vez más sensible y reactiva, es momento de buscar asesoramiento experto.

A nivel cutáneo, la disbiosis puede manifestarse con brotes persistentes de acné, piel muy deshidratada y grasa, enrojecimiento crónico, sensación de ardor o acné persistente.

El acné es una de las enfermedades más frecuentes en la adolescencia, pero también puede persistir o aparecer durante la edad adulta.

La valoración profesional permite determinar la gravedad, identificar los factores predominantes y elegir un tratamiento que tenga en cuenta el sebo, la inflamación, la obstrucción folicular, la barrera cutánea y la microbiota.

La clave es entender que no existe un único tratamiento milagro para el acné; es necesario combinar estrategias que actúen sobre el exceso de sebo, la inflamación, la barrera cutánea, el metabolismo y la microbiota.

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